Cocina para enamorados - Adolfo Pérez Agusti


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Parece una contradicción la necesidad por encontrar un afrodisíaco potente que nos asegure el éxtasis, cuando realmente siempre lo hemos tenido a nuestro alcance, ya que el propio ser humano es el mejor de los afrodisíacos. Esta es la razón para que una simple fotografía, una prenda de lencería, un recuerdo o un discreto susurro incitante por teléfono, sea capaz de mover el impulso sexual, el más intenso de todos los conocidos. No obstante, y para aquellos casos en los cuales necesitamos una ayuda a nuestros sentidos y a nuestros órganos genitales (especialmente el varón), los afrodisíacos externos, sea utilizando una planta o un alimento, pueden meternos (y perdonen la paradoja) por lo menos en el séptimo cielo, pues a los seis anteriores ya habremos llegado con los elementos habituales. Por si nos los recuerdan, les indicaré cuales son: la vista, el olfato, las caricias, las palabras, el ambiente y la mente. Pero si cuando todo esto es propicio (dos cuerpos desnudos deseando abrazarse) y aún así las sensaciones no son todo lo placenteras e intensas que nos gustaría, y necesitamos pedir ayuda a medios inofensivos que nos den ese empujoncito imprescindible, la naturaleza nos ha puesto a nuestro alcance una gran variedad de remedios. Por ello y aunque los científicos sigan insistiendo en que no existen sustancias afrodisíacas dignas de interés y que todas son meros placebos, el propósito de este manual es mostrarles todo el inmenso arsenal de alimentos, plantas medicinales y modos de estimular el apetito sexual disponibles, algunos de los cuales son reconocidos como muy efectivos por consumidores de todas las naciones y épocas. http://ul.to/lvwbk8wd

ALba

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