El señor de la guerra. Remmington 01 - Elizabeth Elliott


coverOSCURO Y PROHIBIDO
Lady Tess llevaba mucho tiempo deseando regresar a su amado castillo de Remmington —pero nunca imaginó que el precio por reclamar sus tierras incluyera el tener que casarse con el guerrero más temido de toda Inglaterra. Valiente y feroz, Kenric de Montague nunca había admitido la derrota, y ahora exigía la lealtad de Tess —y su completa rendición. Pero, ¿cómo podía ella someterse a un hombre que había jurado protegerla avivando sus más oscuras pasiones?

BELLA E INOCENTE
Completamente lleno de cicatrices por la guerra y por el oscuro secreto de su nacimiento, Kenric no quiere una esposa.... hasta que conoce a Tess, y aunque está loco de deseo por poseerla, se ha prometido a sí mismo que no dejará que ella dome su salvaje corazón. Pero cuando una traición pone en peligro su unión, Kenric desenvainará su espada —arriesgando su propia vida— para salvar a la única mujer que podría robarle el alma.

— Se casara conmigo tanto si quiere como si no. –dijo Kenric, el Rey de Inglaterra le había prometido a Tess de Remmington, y tenía la intención de honrarlo. Se detuvo para lanzarle una mirada, dejando ver una sonrisa de triunfo—. ¿O acaso se atreve a desafiar la orden del Rey?

Tess luchó por recuperar la serenidad bajo el fulgor helado del hombre. Una energía despiadada emanaba de él, parado delante suyo. No había ningún calor en esos negros y fríos ojos que la miraban, ningún asomo de gentileza en esa tensa mandíbula. Sus ojos tenían una expresión satisfecha de nuevo, y esta vez no creía estar equivocada en el propósito detrás de su feroz expresión. ¡Vaya, intentaba intimidarla!

Y lo estaba consiguiendo
Sentía como violentos escalofríos recorrían su espina dorsal. Estaba cautiva por esos ojos, como lo estaba un animal atrapado por una trampa. La mantenían prisionera, el poder que ella presentía en ellos era absoluto, capaces de forzar a cualquiera a someterse a su dominio. Sorprendentemente, el sentimiento de temor y miedo que debería experimentar no la dominaban en absoluto. Era algo extraño, porque sentía un extraño e incontrolable impulso de acercarse más al guerrero... tocarlo...

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Aretha

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