Inmisericorde. Arlette Geneve


109132_gY entonces, los ojos femeninos descubrieron a Diego, que la miraba de forma intensa desde el otro extremo del salón, y para ella se hizo el silencio absoluto.

Dejó de escuchar las risas, las palabras de los invitados. Estaba de pie en medio de la zona de baile, pero era incapaz de moverse en un sentido o en otro.

Sus pensamientos eran un cúmulo de instrucciones que no podía seguir. Se habían convertido en sangre y arena dentro su cabeza, martirio en su corazón. Su pensamiento femenino le gritaba a él que se acercara hasta ella, que no dudara en tomarla entre sus brazos

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